El caso de Within Temptation es uno de esos casos musicales que con un buen álbum y unos video-singles emitidos a todas horas se convierten de la noche a la mañana de un buen grupo con una aceptación notable, a una banda de fenómeno fan.
Que se hayan dejado influenciar por toda esta nueva ola de grupos con voz femenina y gran éxito comercial es algo que a todo el mundo se le pasa por la cabeza, pero posiblemente sea mejor concederles el beneficio de la duda.
La primera vez que escuché este tema, me dejé llevar por la voz de Sharon (la cantante) que acompañaba de maravillas la melodía. Su inconfundible voz lleva la mayor parte de los laureles, bien acompañada en todo momento del soporte musical de su banda. Lo único que llama tanto como su voz la atención son sus llamativos vestidos.
No había tenido oportunidad de ver el video, el cual descubrí no hace mucho tiempo. Debo admitir que el rock gótico me ha comenzado a gustar a partir de éste grupo (Within Temptation).
El video no es gran cosa en efectos especiales, pero me recuerda vagamente la película "The Others".
En el barrio de Belgrano, lejos de la algarabía tanguera y turística del centro, en el mismo corazón del barrio y rodeada por las calles Obligado, Juramento, Echeverría y Cuba, se encuentra la iglesia de la Inmaculada Concepción. El olor de los asados que crepitan detrás de la iglesia se mezcla con el de las magnolias, y aunque la columnata es blanca, es como si, de una manera misteriosa, todo en ella fuera rojo.
Si hay una característica esencial de la misteriosa Buenos Aires (como la solía llamar Mújica Lainez), es precisamente esta ambigüedad, esta distancia entre lo que se siente y lo que se aprecia, parecida quizá a la inquietud que produce comprobar que el cuerpo de la persona que amamos es pura imagen sin espesor, que bajo la mujer o el hombre real que apreciamos hay otro cuerpo esencial e incomprensible que apenas podemos tocar.
Es aquí donde el escritor Ernesto Sábato sitúa la gran conjura de los ciegos en "Sobre héroes y tumbas", aquí, bajo la iglesia aparentemente inocua de la Inmaculada Concepción, donde se abre esa red fantástica de alcantarillado por la que los ciegos pululan en su temible "subciudad". Y si lo hace aquí, es porque Belgrano es tan real que está a un punto de desrealizarse, tan aparentemente cotidiana que es misteriosa.
Pero no son los fantasmas de Sábato los únicos habitantes del barrio de Belgrano. En la esquina que conforman las calles Juramento y Vuelta de Obligado era donde se alzaba la casa del escritor realista Enrique Larreta, tan admirado por nuestro Unamuno, hoy convertida en Museo del Arte Español con la colección privada de la familia. La tranquilidad de la casa contradice otro grupo de fantasmas, el compuesto por unos adolescentes borrachos que gritan improperios contra el escritor en la puerta, y tiran piedras contra las ventanas, a los que había que expulsar casi semanalmente a horas intempestivas. Tienen toda la furia de los vanguardistas enloquecidos, y aunque apenas han escrito aún sus nombres, no dejan de resultar familiares. Son el jovencísimo Jorge Luis Borges, Xul Solar, Néstor Ibarra, Petit de Murat...
Por esta plaza pasea otro fantasma que vive a pocos pasos, en el número 2150 de la calle de O'Higgins. El fantasma de Mújica Lainez, que vivió allí casi toda su vida desde su matrimonio con Ana de Alvear. El pequeño departamento inicial fue ampliado más tarde con otro, reservado exclusivamente a la biblioteca, y de allí salieron también héroes y monstruos como el del contrahecho duque Pier Francesco Orsini, protagonista del inquietante "Bomarzo" , o las dignas aristócratas venidas a menos del barrio de San Telmo que se veían obligadas a morir entre los polvos de la fiebre amarilla.
El actual barrio de Belgrano tiene aún esa inclinación tan porteña y canalla entre la vida y la muerte, esa especie de continua sed y de arrogancia medida cuya característica propia es la de no mostrarse nunca abiertamente.
Desde cuándo me gusta Erasure? Desde hace muchísimo tiempo. Nunca dejan de sorprenderme con sus melodías y sus letras. Erasure se ha caracterizado siempre por componer canciones pegadizas, de ritmo particular. Siempre los recuerdo con gran satisfacción. Y cuando escuché este trabajo, descubrí que seguían haciendo lo que siempre supieron: una música encantadora.
"Nightbird" es la última producción discográfica con la que la banda hace una revisión a su carrera. Clásico con un toque melancólico, es el primer sencillo promocional de este álbum, que lleva por nombre "Breathe".
Disfrútenla .
"Este texto fue escrito para participar en el concurso de narración de la página Secretos Oscuros. Está inspirado en el Mundo de Tiniebblas-Vampiro-Edad Oscura. Espero lo disfruten".
Evidentemente, el ghoul había caído doblemente en desgracia. Tras los barrotes de la pequeña ventana de su celda en los calabozos de la ciudad de Pompeya, Ovidio Neptunio observaba los resabios de la masa de gente que ya terminaba de huir rumbo a las playas. ¿Qué era esto? ¿Una nueva Sodoma? ¿Gomorra volvía a levantarse para perecer nuevamente? Se seca la frente sudorosa con el antebrazo tembloroso. Pocos eran los rezagados que transitaban las calles algo desorientados. Los patricios cargaban sus pertenencias más preciadas y portátiles escondidas en cofres finamente tallados; y los plebeyos hacían lo propio en bolsas gastadas al hombro. Ovidio les observaba pusilánime, subido a un pequeño banco para ganarle altura a la ventana.
Su amo, un Tzimisce de alto rango, le había abandonado con las primeras erupciones. Y su preciada vitae, líquido inmortal y poderoso, que le mantuviera atado incondicionalmente a su amo por varias generaciones, ahora le estaba vedado. Su última ingesta, ya había sido un tiempo atrás, y comenzaba a notar que su salud decaía. Ovidio Neptunio, apretaba los barrotes corroídos de la ventana con odio y desesperación. ¡Era injusto! Se decía. Todos habían corrido despavoridos. Hasta los guardias y carceleros. La ciudad era un verdadero caos. Saqueos, muertes, destrucción… Y él allí inmóvil, impotente, ya sin fuerzas sobrenaturales que lo acompañen para librarse de un destino incierto… Al filo de la destrucción.
Podía escuchar los alaridos de las mujeres, el llanto de los niños y los gritos de los hombres. Con horror, tal vez por saberse imposibilitado de escapar, tapó sus oídos para dejar de escuchar. Pero le fue imposible no imaginar. Cierra sus ojos por un instante, preso de un incipiente pánico. Pero se domina y vuelve a observar el exterior. La oscuridad completa ha caído sobre Pompeya. Y lejanas explosiones se oyen como truenos divinos, anunciando lo que está por venir.
No tiene caso continuar aferrado a la ventana que no le permitirá escapar. Se aparta de ella y camina ansioso por la celda solitaria. El resto de los plebeyos que se hallaban en las celdas vecinas, han logrado huir. Pero al ver las ropas de hechura fina de Ovidio, percatándose de su posición social, se han negado a ayudarle a escapar, dejándolo solo y a merced de la situación.
El ghoul, un patricio emergente de Pompeya, gracias a la mano protectora de Ilectus –un poderoso Tzimisce-, se había enriquecido moderadamente, acopiando pequeñas cantidades de mercancías que hurtaba a su amo y que luego vendía a sus espaldas en el mercado negro. Ahora lo advertía y veía claramente por qué su amo le había abandonado. Esa había sido su cruel venganza. Ilectus advirtió la traición de su ghoul y no había tenido mejor idea que privarle de su preciada vitae. Era verdad, Ovidio Neptunio había caído en desgracia. La misma desgracia que le había llevado a depredar entre la multitud desesperada que corría sin rumbo por las calles inundadas de cenizas. Su desesperación, cual droga letal, alimentando su ambición desenfrenada, le había hecho usurpar viviendas abandonadas y hasta asesinar a desdichados moradores por unas pocas monedas, por algún objeto de valor olvidado –cualquier cosa que fuera- que acrecentaran su ahora devastada posición económica.
Mientras Ovidio continúa pensando solo en su celda, el piso se estremece y vuelve a temblar. Recordó que hacía sólo unas horas atrás, había despertado en su lecho, como cada mañana, rodeado de pequeños placeres mundanos, atendido por dos lacayos. No escuchó como otras mañanas a los pájaros cantar. Y los perros del lugar ladraban y aullaban inquietos. Pero no le dio debida importancia. Hasta que los primeros estruendos del Vesubio dieron la verdadera alerta a la población.
Desde el patio de su vivienda, el ghoul había visto elevarse aquellas gruesas columnas de humo negro acompañadas de fuego desde el volcán. Y una lluvia de piedras y cenizas ennegreció el agua de la fuente que poseía en su patio. Atónito, vio cómo sus sirvientes leales permanecían a su lado, mientras las calles se poblaban de gente despavorida que cargaba sus pertenencias al hombro y trataba de abandonar la ciudad.
Pronto Ovidio se vio corriendo entre el populacho sin rumbo fijo y con los pensamientos confusos. Huyó hacia el refugio de su amo, pero nada encontró allí. Y la desesperación de hallarse abandonado por su mecenas, lo sumió aún más en el pánico. Esto lo impulsó a cometer delitos, a dar rienda suelta a su ira tras el abandono. Pero no advirtió que sus felonías terminarían llevándolo a la cárcel y de allí a su perdición. Porque en el revuelo y el desconcierto, obvió que los guardias seguían trabajando. Y minutos después de cometer aquellos delitos, era apresado y confinado a esa pequeña celda, que sería su última morada.
En un rapto de redención, el ghoul intenta redimir sus pecados pidiendo perdón a sus dioses romanos, quienes no atienden sus desgarradoras súplicas. Se siente débil, consumido. Las fuerzas le abandonan. La vitae de su amo ya se extingue y no surte efecto en su cuerpo. Mientras permanece tirado en un rincón de la celda, levanta lentamente su vista y la dirige hacia la ventana. Sus ojos ahogados en lágrimas, no ven más que cenizas y un humo que comienza a filtrarse por entre los barrotes indolentes. Un humo gana rápidamente el espacio del habitáculo. Ovidio tose. La garganta le quema y sus pulmones se cierran. Se tapa la nariz y boca con su túnica otrora impecable. Fuera, el Vesubio ruge, impasible, fuerte, consumiendo la vida del ghoul, alimentándose de él tal como su antiguo amo Ilectus hacía. La inmensa masa de aire caliente, ceniza y azufre toman posesión de la celda y de Ovidio, quien acurrucado en su rincón llora y se estremece con los temblores del volcán, que se autoproclama como su nuevo amo.
Una noche iba caminado rumbo a mi casa, eran aproximadamante la una treinta de la madrugada, decidí entrar a un pequeño corredor para así ahorrar camino, -éste es muy lúgubre y solitario, apenas iluminado, no es muy largo pero sí lo suficiente como para que alguien se agazapara en él-, entré en él y casi enseguida me invadió un miedo atroz, sentí como me recorría el cuerpo un escalofrío pero no hice caso alguno pensando que sólo me estaba sugestionando.
Al ir casi a la mitad del corredor apareció de la nada una mujer frente a mí, fue una visión muy repentina, nunca supe de dónde salió o cómo llegó ahí; era una mujer bellisima, de piel muy blanca y cabello largo, sus ojos brillaban de un modo extraño y se veían de un color rojo encendido, llevaba puesto un vestido blanco, parecido a una túnica o bata de dormir, pero lo más extraño era que parecía que flotaba. Me atraía pero también me provocaba un miedo atroz, sentí que me llamaba pero lo más extraño de todo era que no escuchaba voz alguna, sólo sabía que me llamaba.
Asustado creí que alguien quería tal vez asaltarme y me agaché para ver si habría algún objeto para defenderme, ello fue en un instante pero cuando volví a mirar ¡ya no estaba! lo cual era casi imposible pues este pasillo era muy estrecho y no había forma de salir de él tan rápido. Seguí caminando presa de un miedo atroz, cuando de pronto otra vez estaba frente a mí, ahora su llamado era más insistente pues también movía sus brazos hacía mí; me acerqué a ella y otra vez desapareció ¡pero ya frente a mí!
Salí a una avenida, no se veía ni un alma, ni autos pasaban, lo cual es raro pues es muy transitada; de pronto sentí que alguien me miraba ¡y era ella otra vez! estaba enmedio de la avenida, en el camellon y ahí corroboré que flotaba, ¡no estaba pisando el suelo! lo peor era que yo trataba de acercarme a ella sin lograrlo, pues cada vez que me acercaba se volvía a desvanecer.
Seguí así, hasta llegar a una calle donde hay un terreno sin fincar muy grande este, ahora ella estaba ahí, para mi fortuna frente a este sitio vivía una amiga mía, presa ya de un temor muy grande toqué a su puerta angustiado, abrió su mamá y su hermano, que al verme así no me reprocharon que llamara a su puerta tan tarde. Al preguntarme qué pasaba les dije, por pena, que querían asaltarme, pidiéndoles que me dejaran entrar un momento. Ya dentro la mamá de mi amiga me dio un té, pues me vio muy asustado, estuve dentro una media hora, decidiendo irme para ya no causar más molestias, me ofrecieron que me quedara, para más seguridad, pero me negué creyendo que ya había terminado todo, le agradecí y salí; casi enseguida que cerraron su puerta ¡estaba ahí, esperándome! Ya no pude más y me alejé corriendo hacia mi casa, refugiándome en mi cama tan pronto llegué.
Al otro día, domingo, me levanté y me dirigí a el comedor donde se encontraban mi mamá y mis hermanos desayunando, no quise platicar nada por temor a las burlas de mis hermanos, pero tan pronto me senté mi mamá muy seria me dijo, "hijo, ten esto"; al mirar qué era me encontré con un crucifijo, a lo que mi mamá me respondió: "póntelo pues quiero platicarte un sueño que tuve ayer".
Al platicármelo mi sorpresa fue en aumento pues me relató lo que me había sucedido en la noche, antes de que terminara la interrumpí y le conté lo que me pasó, concidiendo con lo que ella había soñado...
Solo que en su sueño, yo moría víctima de un demonio...

